Soy empresario de una pequeña empresa, de una Pyme. Soy Pymero. Soy uno de esos 800.000 empresarios existentes en el país que tomó la decisión en un momento de su vida, forzado por la oportunidad o la necesidad, de convertirse en emprendedor. Soy uno de esos valientes que lucha por sobrevivir en un país en el que se habla más de las grandes empresas que llevan el nombre de nuestro país por el mundo que de nosotros los anónimos liliputienses empresariales.
Me enorgullece saber que tenemos empresas que son modelos en el exterior, pero también yo soy importante. Si entre los principales motores de una nación que quiere llegar a estar en el grupo de los “primermundistas” están el emprendimiento, la innovación y el desarrollo, esos son nuestros diarios caballos de batalla.
Si se trata de generar empleo ahí estamos nosotros, quienes representamos el 85% de la masa laboral del país. Conviene recordar que nosotros, esos medianos, pequeños y muy pequeños empresarios, fomentamos más empleo en proporción a nuestra facturación que cualquier empresa grande. Por cada dólar que factura una empresa grande emplea a 0,05 trabajadores. Nosotros, los Pymeros, por cada dólar que vendemos damos empleo a 86 personas. Enorme diferencia ¿verdad? Y se sorprenderían aún más si supieran cuánto más se agranda esa diferencia entre las grandes y las chicas de generación de empleo en relación a sus utilidades.
Estamos de moda. Siempre que se acercan comicios políticos todos parecen preocuparse de nosotros, de nuestras necesidades y de nuestra relevancia económica y social. En realidad representamos mucho voto útil, y somos la personificación empresarial de la clase media trabajadora del país. Pero en realidad, salvo muy contadas excepciones, todo suele quedar en un gran alarde promocional y de marketing político que parece desvanecerse en el momento de su implementación.
Todos los candidatos hablan de nosotros con mucha pasión y cercanía, pero ninguno sabe realmente nuestro nombre.
Es cierto que existen cada vez mayor dinero puesto en instrumentos de fomento, desarrollo, formación o innovación, que tanta falta hacen a nuestras empresas y a nosotros como líderes de ella. Pero aun siguen los arquitectos burocráticos sin entender muy bien la realidad de muchas empresas pequeñas y muy pequeñas para poder acceder a esos apoyos. Precisamente en estas empresas, las que más necesidades posiblemente tienen de apoyo empresarial, no tienen los conocimientos, el tiempo, y sobre todo los recursos humanos para todos esos engorrosos y largos procesos administrativos necesarios para un apoyo económico.
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